Té Contamos el Séptimo Arte


Media Noche en Paris.
- Langdon -

Todo tiempo pasado es mejor... esa frase que encierra el núcleo de la nostalgia, que nos mueve a recordar o imaginar vivir en una época pasada es la premisa que nos trae el maestro Woody Allen con su última producción llamada Media Noche en Paris.
Lo que pasa en esta historia, de lo mejor que nos ha traído Allen en mucho tiempo, es que se les olvida mencionar otra frase igual de cierta: la belleza está en el ojo de quien mira. Y es a través del lente de un enamorado de Paris que podemos enamorarnos de la cuidad de las luces.
Todo funciona en media noche, el personaje de Owen Wilson que por fin se sale del molde de tonto y de carrito rojo para darnos una buena dosis de ese humor que con la mano de su amigo Wes Anderson nos tenía acostumbrados; la premisa fantástica de poder conocer a tus héroes de antaño; la música de lo más representativo galo... en fin, todo funciona pero lo mejor es sin duda: Paris.
¿Quién no ha soñado con caminar por las calles parisinas? ¿Quién no ha querido enamorarse del amor entre un cappuccino por los campos elíseos? Pero más allá del amor “à la carte” de Hollywood, Allen nos enamora de esta ciudad fantástica. No es una historia de amor para siempre, más bien todo lo contrario pero para cuando te das cuenta, estas tan apasionado por la magia que ni siquiera importa.
Medianoche en Paris nos recuerda cuanto podemos perdernos en las relaciones para perder nuestros sueños... ¿o será al contrario? No importa... es París. La tierra de lo más culto, de tierra que convirtió al hedonismo en cultura y a la simpleza en deporte. Genial, fantástica, imperdonable obviarla. Hay que dejarse llevar de la mano de un maestro mientras se cae rendido a los pies de una escalinata de fantástica aventura.
Una joya para enamorarse pero no de la rubia de siempre sino de la luz en la ventana al comenzar el día. Imposible no perderse en esta ciudad de magia, imposible no amar París después de vivirla a la medianoche.